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Comer con los ojos de Instagram

28 de mayo de 2013 //
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En cuestión de un par de años, España está viviendo el boom de la “comida fotogénica”. Una manifestación clara de esta tendencia es la expansión de los cupcakes de colores o lo último: los cake pops. Un proceso de globalización que nos permite encontrar makis en el supermercado de la esquina o macarons de estilo francés en el McDonald’s.

Marcas de alimentación y repostería, como Nestlé Postres, se apoyan en esta tendencia para fomentar el uso de sus productos para estas rectas visuales.

Las redes sociales tienen mucho que ver con éste fenómeno, especialmente las visuales y mayormente femeninas, como son Pinterest e Instagram. Según las estadísticas, hashtags como #food o #foodporn llegan a etiquetar 16.209.323 y 4.905.431 fotos respectivamente en Instagram. El mundo digital parece ser el lugar idóneo para compartir estas imágenes y experiencias gastronómicas donde la estética y proyectar un estilo de vida aspiracional es determinante.

El poder de lo visual en el mundo digital puede crear fenómenos como el latte art (dibujos en la espuma del café), que en el último año ha crecido de forma exponencial como contenido capaz de generar cientos de likes en un solo post.

Esta obsesión para fotografiar comida resulta una oportunidad de negocio e innovación. Han nacido redes sociales específicas sobre fotografía gastronómica, como Foodspotting que recoge las fotos de los platos favoritos de los usuarios de cada local.

Un paso más allá fue el lanzamiento de la App solidaria de Manos Unidas, Food Share Filter. Un filtro de Instagram que destina todo el dinero recaudado de sus descargas a un programa de lucha contra el hambre.

En el mundo de la restauración también han nacido nuevos proyectos de alimentación pensados para ser fotografiados como la nueva heladería Eyescream and Friends en Barcelona.

Aunque las modas son cíclicas y según la revista Forbes la burbuja de los cupcakes parece haber estallado, dejando paso a otro tipo de negocios como los de zumos naturales, yogures helados con toppings o, el último grito, los bubble teas. Parece ser que el futuro será la combinación entre lo visual y lo healthy.

Agnès Riba y Marta Castillo. Departamento de Planning.